lunes, 19 de febrero de 2018

"Louis, presiento que este es el comienzo de una gran amistad."

Ayer, bueno en general el fin de semana, están siendo días muy especiales. Poco a poco voy encontrando un huequito entre la multitud chilena.

El sábado lo pasamos la Mari y yo juntas, paseando por el Cerro de Santa Lucía y hablando sin parar, con ella estoy viviendo momentos en los que no tengo necesidad ninguna de coger el teléfono ni tan siquiera para saber qué hora es.
Me encanta sentir eso, porque compruebo de manera consciente de que las buenas relaciones se construyen poco a poco y asentando bases, y nosotras estamos encontrando un espacio con muchísimas cosas en común. De lo que la conozco, pienso que es una persona muy bonita.

Pero ya hablaré de ella más adelante, y con más calma (se lo merece).

Ahora voy a contaros el día de ayer, un día donde, por extraño pueda sonar, las emociones que sentí fueron, a la vez, totalmente desconocidas y realmente familiares..



Escuché hablar de él al llegar aquí,

¿un festival gratis el mes que viene? ¡Claro! 

Pero no era un festival cualquiera...


Un festival donde la música, los olores, los colores, las personas, la alegría y las culturas se mezclan creando un ambiente de paz realmente armonioso.

Muchos, muchos, puestos con artesanía: telas, hojas, perfumes, bisutería. Todo tan diferente de lo que pudiese haber conocido.

Gente cantando y riéndose sin apenas conocerse, y muchísimos niños y niñas correteando, saltando. Familias desconocidas bailando entre sí, gente tumbada a la sombra durmiendo, jóvenes bebiendo y charlando. Y los y las artistas mezclados con el resto de personas que allí estábamos.

Era la mejor definición gráfica de la palabra vida.


Pero no todo queda ahí, en este pequeño Woodstock en el corazón de Santiago de Chile, no. Hablemos de la música, y de cómo un grupo, hasta entonces desconocidísimo por mí, me hizo sentir esa sensación que sólo me ofrece el Viña. (Quien haya hablado conmigo del Viñarock creo que puede hacerse una idea de lo que hablo, y también de que no me es posible describirlo con palabras.)


Aquí os dejo una canción de esta banda chilena, que se encarga de hacer todo tipo de música andina con un chinchinero: personaje popular chileno.

Banda Conmoción - Ciudad Traicionada

Música.
Sol.
Baile.
Sol.
¿He dicho 'sol'? Mis hombros lo aseguran.


Pero, parece ser, no era suficiente en el día, parece ser que no me sentía suficientemente pletórica con el nuevo descubrimiento.
Sabéis algunas personas otra de las grandes razones por las que soy carne de festival: 

Pues todo empieza porque la Franchie y yo, cansadas de estar sentadas, fuimos a ver el atardecer. Al cual llegamos a duras penas, aún así, las vistas eras increíbles. Ver el cielo de acá cuando atardece me hace sentir muy cerquita de Madrid.

Y en ese momento tan mágico, de nostalgia, admiración por la belleza, y la sensación de estar conociendo algo nuevo, apareció. Esa música.


Si algo yo asumí al venirme para acá es que mi contacto con la música techno se vería, por el momento, muuuuuy reducido. Pero ella me encontró. Y no fue suficiente con ello sino que descubrí que la Franchie también sentía pasión por este tipo de música.


Y, como esta música consigue, fluimos con ella.


Hablamos, reímos, bailamos, y nos pusimos de objetivo acabar el año habiendo encontrado este mundo aquí, y a poder ser, conocer el mundo rave.

No sé qué pensaréis al respecto, pero yo tengo claro que no nos frena nada ni nadie.

Me siento ahora mismo como diría Humphrey Bogart: 

"Louis, presiento que este es el comienzo de una gran amistad."





No hay comentarios:

Publicar un comentario