Imaginad el ritmo de vida de Madrid.
Los vagones de Metro en hora punta.
La velocidad de la gente por la calle.
Las prisas.
El estrés.
La comida basura.
Las fechas límite de entrega.
La velocidad de la gente por la calle.
Las prisas.
El estrés.
La comida basura.
Las fechas límite de entrega.
Pues, según me comentan, Santiago no
queda muy atrás.
Ojo, recordemos el tamaño de ambas ciudades….
Ojo, recordemos el tamaño de ambas ciudades….
¡Bienvenida
a Chile, Marta Lillo!
Mi primer lunes en la ciudad no se me
ocurrió mejor plan que acercarme al Consulado de España (para
registrar mi presencia hasta que tuviese identificación chilena), el
cual está en la zona de Providencia, muy cerca de la comuna de Las
Condes. [Para
que os hagáis una idea, Las Condes sería como el Barrio de
Salamanca.]
Pues bien, me aventuré a coger el metro (no
tiene mucha pérdida, por suerte. La parte negativa es que no existen
los abonos mensuales, sino que son tarjetas recargables)
y una vez salí de la boca de metro todo era totalmente nuevo hasta
lo que conocía por el momento en la ciudad:
edificios enormes,
gente de negocios,
calles anchísimas.
Y fue una vez terminada la gestión, que eché a andar hasta casa (una hora según el Maps). Caminé por una calle increíblemente larga llamada Avenida de Providencia que, más adelante, cambiaba el nombre a Avenida Libertador Bernardo O’Higgins (más conocida como la Alameda); me recordó al Paseo de la Castellana, una calle con varios carriles y mucho, mucho comercio. Caminar por allí me hizo apreciar perfectamente como iría cambiando gradualmente de tipo de escenario (recordad los contrastes de los que hablé en la anterior entrada).
Mi zona está en el metro Universidad de Chile, es Santiago Centro, por lo que imaginaréis que es zona turística y estaréis en lo cierto.
Pero nuestra casa está a 15 minutos del metro, un poco alejado del barullo (lo cual agradezco) y cerca de la llamada Avenida 10 de Julio, la cual está llena de talleres de coches. Lugar donde he encontrado mi primer conflicto como feminista ya que los hombres que allí trabajan no parecer tener ningún reparo en decir comentarios o mandar besos cuando pasas por delante.
Quien me conozca, se hace una idea de cómo reacciono ante situaciones así; pero no estoy en mi zona de confort así que de momento me muerdo la lengua, callo y observo las conductas de las personas que viven aquí en su día a día. Imagino que más adelante será un tema que me dará mucho que hablar.
Desde la ventana del salón veo unas
canchas de baloncesto. Están en la calle pero parecen formar parte
de la comuna, ya que tienen verjas y carteles donde piden a la
vecindad el cuidado y uso responsable de ellas; por el momento no he
dado con un horario específico donde se vaya a jugar a ellas al
basket y poder unirme. El tema del baloncesto es algo que comento a
toda persona nueva que conozco para tantear si puede ser de puerta de
entrada, ya que, al no tener bola propia, no cuento con la autonomía
de jugar cuando me plazca.
Me encantaría acabar conociendo gente
con la que poder quedar a jugar, o una zona donde sepa que se reúne
gente para ello. La verdad que no dudo que pueda encontrarlo :)
Algo que me encanta y que también sé
que dará mucho que hablar es el tema gastronómico (este
es el momento en el que Manu se reirá y pensará que soy una gorda),
y es que la calle, vaya por donde vaya, está repleta de puestos de
comida. Las personas con neveras de camping, con carritos de la
compra, o bien con puestos creados por ellas mismas mantienen un
negocio donde venden todo tipo de comida de cualquier nacionalidad:
empanadas, papas rellenas, sopaypillas… Y aquí he de hablaros de la
bebida autóctona: el mote con huesillos:
una
mezcla de jugo acaramelado, con mote de trigo y duraznos
deshidratados, llamados huesillos.
¿Que si me gustó? Diré como digo con el buen vino tinto de reserva: “aún no tengo hecho el paladar”.
¿Que si me gustó? Diré como digo con el buen vino tinto de reserva: “aún no tengo hecho el paladar”.
Creo que, por el momento, quiero resumir
lo que conozco de Santiago de esta manera. Hay muchísimo más de lo
que hablar y enseñaros, pero cada cosa a su ritmo.
De momento, podría resumir la ciudad en: contrastes, comida y más contrastes.
De momento, podría resumir la ciudad en: contrastes, comida y más contrastes.
¡Nos leemos!




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