viernes, 13 de abril de 2018

Estoy apurando la casa...

Estoy apurando la casa significa que sólo quede un rollo de papel higiénico en el baño, que el aceite que utilice para cocinar sea rehusado de unas patatas fritas, que al bote lavavajillas manual dentro de poco vaya a tener que añadirle agua, que aproveche el bote de viaje donde traje el acondicionador del pelo para llenarlo de gel de ducha.

Estoy apurando la casa significa pensar cada día qué platos serán los elegidos para aguantar hasta el último día; es pensar qué sartenes me acompañarán y cuáles volverán con la Mari o incluso visitarán el cubo de basura; es ir mirando a la plancha tostadora (no busquéis en Google Imágenes, sale otro tipo de plancha) con ojos de despedida porque necesita ser retirada.

Estoy apurando la casa significa imaginar qué día será el que quite vuestras fotos de la pared de mi habitación; es pensar de manera estratégica qué día desconectaré el router; es ir siendo consciente de que tocará limpiar todo el polvo del balcón (que bien sabe toda persona que haya venido a este departamento que no hay poco).

Estoy apurando la casa es un sentimiento de nostalgia, y también de impresión ya que no imaginaría que, en menos de tres meses, llegase a sentirme así ante la despedida de este espacio. En Madrid no lo sentí, quizá sea porque no tuve el tiempo y el espacio para dar lugar a esa sensación.

Estoy apurando la casa significa hacer malabares con la comida que queda en la nevera y en los armarios; es pensar qué caja será la más indicada para transportar esa comida que quede, o si habrá que tirar algún alimento a la basura. Significa pensar bien qué alimentos merecen ser tapados por papel film/albal y cuáles no; o qué tuppers se pondrán el cinturón conmigo y cuáles se quedarán por el camino.

Estoy apurando la casa también es un plan de estrategia, donde la austeridad da paso a la creatividad más pura y a las carcajadas solitarias más grandes.



Tengo emoción, se avecina un gran cambio. Y me gusta, siento agudizar sentidos que ni conocía en mí y, una vez más, me siento crecer. Y no me siento crecer sola, me siento crecer conmigo misma.